viernes, julio 02, 2010

''La Bella Mujer''

Hoy es su funeral, Nunca pensé en verla de esta manera, así, muerta, siempre fue tan sonriente.
Su madre estaba junto al ataúd, la mujer con lágrimas en los ojos no dejaba que nadie se acercara a su princesa, su hija la acompañaba en su inmenso dolor, ella también lloraba, juntas al lado de su ataúd suplicaban a los cielos que le devolviera la vida a tan hermosa princesa. Un hombre robusto, de piel blanca, algo calvo y que pasaba de los cuarenta, acompañaba a su madre desde lejos. El solo verificaba que ninguna bella mujer se acercase a ese ataúd, era su trabajo. Su familia y amigos lloraban, ellos también permanecían lejos del ataúd, no porque no quisieran verle, sino porque no se les era permitido. Yo… yo no podía ni siquiera presenciar aquel funeral, sé que no debía hacerlo, mas aun así asistí.
Si hay que hablar de la mujer que estaba en el ataúd, debo empezar por su nacimiento, después de todo, si su belleza jamás se hubiera dado, esta historia tampoco. Se parecía a su madre, tal vez corrió la suerte de no parecerse a su padre, el no estuvo presente, jamás estuvo. Creció en un pequeño pueblo, un pueblo hermoso y muy acogedor, mas no creció con quien necesitaba crecer, aunque fue criada con mucho amor, ella jamás se sintió acompañada, ¿amigos?, tal vez ella reía cada vez que le preguntaban acerca de sus amigos, siempre afirmaba ‘’yo no tengo amigos’’, y aun así sonreía al afirmarlo, aunque su mirada tuviera el odio y tristeza de sus palabras, ella sonreía.
Yo, joven, con un pasado tal vez un poco más acomodado, de aparente felicidad y sin problemas de mayor magnitud, tal vez no sepa mucho sobre estrellarse contra el mundo, pero sé que no hay necesidad de que saltes al vacio, basta con que el mas hipócrita de tus amados sea quien te empuje a él para que duela al caer.
Siempre fue difícil de explicar mi gusto por lo tétrico, siempre fue bello para mí ver la muerte surgir, nunca pensé en el dolor como algo malo, siempre pensé en el placer de ver sufrir, y en ocasiones, cuando me hallaba en depresión, el placer de mi propio dolor. Tampoco puedo explicar mi extraño impulso al sexo femenino, tampoco mi impulso al sexo masculino, y en ocasiones el odio a ambos sexos.
Siempre tuve miedo del amor, consideraba este sentimiento el arma perfecta para acabar con la humanidad, y la única arma que no aprendí a manipular.
Disfrute siempre de los libros de Edgar Allan Poe y de algunas películas por el mismo tipo, el arte, la poesía, la música, siempre fueron cosas que marcaron mi vida y mi personalidad, siempre gustaba de usar ropa negra, absolutamente contrario a lo que ella acostumbraba a usar, a escuchar, a leer y a ser.
La vi pasar un par de veces frente a mí, yo no puse gran atención, siempre pensé en que era bastante hermosa, en realidad para mi perfecta, pero jamás hable al respecto, yo tocaba mi guitarra y nada mas… tocaba, cantaba y pensaba en algunos muertos… nada más.
Unos días después hable con ella, ella pintaba, yo que siempre fui amante del arte, de inmediato opine sobre sus obras, no eran obras profesionales pero para mí eran bellas, ella plasmaba sus sentimientos en cada hoja, y para mi ese sentimiento, ese empeño y ese dolor con el que dibujaba, esas ganas con que empuñaba su pincel, para mi hacia que sus obras fueran arte puro. No perdí oportunidad para decirle cuanto me fascinaban, y desde ese día decidimos cada noche y hasta la madrugada hablar, no importaba para nadie los temas que tratamos, éramos diferentes pero también teníamos demasiadas cosas en común.
Esa noche… una de tantas noches en las que hablábamos, yo ya conocía algo de su vida, ella conocía algo de mi vida, ella estaba llorando, yo le decía que no llorara, ella confeso su amor, ella en sus noches, en sus sueños, en sus pinturas, siempre quiso explicarme que sucedió, tal vez fueron las personas que conocimos, tales su miedo a herrar de nuevo, pero aun así lo dijo, con lagrimas y pena ella por fin lo dijo.
Esa noche las cosas cambiaron, porque aquel sentimiento al que siempre le temí, y aquellas cosas que dormían en mi, ese impulso que jamás entendí, por fin despertaron… sonreí, la mire, le hable con temblor, no de miedo, sino de felicidad de saber que ella después de noches de poesía, música y pinturas por fin había aceptado su amor, y estaría dispuesta a recibir el amor entero que yo le di.
Meses después, yo no podía dejar de mirarle con ojos llenos de amor, ella siempre tan hermosa, ese inefable rostro bello que era adornado con sus brillantes ojos, con su deseable boca, con una nariz y con unas mejillas tan levemente sonrojadas, un solo hoyuelo en su mejilla derecha, y su cabello… ahh su hermoso cabello… a veces imagino que puedo tomar su mano de nuevo.
Nuestro amor era prohibido y tal vez eso explique la decisión que tomo…
Ella me confesó que mi actitud había cambiado, que no era de quien se había enamorado, y que ya no me amaba como antes, para entonces ya todo había acabado, para entonces fingíamos que había una amistad entre dos personas donde alguna vez hubo amor, lo tome de la mejor manera y espere… noche tras noche, poema tras poema, canción tras canción y lagrima bajo lagrima… yo simplemente la espere. Luego supe de su relación con un hombre que la quería demasiado, el lucho para tenerla, yo simplemente me destroce, jamás se lo confesé, pero simplemente me destroce. Ella no dejo que su relación creciera, terminaron más rápido de lo que habían empezado, y aunque sentí cierto alivio, aun no sabía si pensaba en el.
Ella quería morir, la presión de su familia la desesperaba, la sociedad no contaba con ella de la manera en que ella realmente se sentía, su desesperación fue demasiada, ella no soporto más la idea de desear la manzana prohibida. Entro a su cuarto, cerró la puerta, busco algo entre sus cosas y entonces apago la luz… yo dormía en ese momento, pero en el mismo segundo en que el foco apago su luz, me desperté, sentía que algo sucedía y corrí, no sabía aun donde vivía ella, mas sin embargo corrí, necesitaba encontrarla y la luz de la luna que me veía llorar, con ferviente dolor me alumbraba su hogar, llegue allí, no sé quien moraba allí entonces, yo solo corrí hacia su habitación, antes de abrir la puerta la escuche llorar, entonces creí prudente esperar, espere horas, hasta que su llanto seso, un frio lleno mi cuerpo y sentí que el seso de su llanto no estaba bien.
Allí dentro, en su habitación estaba ella, había tomado una cuchilla, y con ella había acariciado sus muñecas hasta que su elipsis de vida se vio totalmente derramado en el suelo.
Siempre pensé que la muerte la haría mía, pero no sentía el valor para verla morir, siempre tuve el pensamiento psicópata de querer la sangre de una dama, que su sangre me llenaría de amor.
Y entonces abrí la puerta... estaba muerta!!, la mujer con piel de seda y labios rojos como sangre... era mía!!... estaba muerta!!.
Por un momento, mi actitud psicópata volvió a tomar parte de mí, la desee entonces, y un grado de locura me lleno la cabeza por un instante. Ahh!!, el alivio que sentí... lagrimas de dolor ya no rosarían tan inefable bello rostro... era mía por fin!!, estaba muerta!! ...mía!!!.. Mía!!.. Mía!.. Mía... entonces mi vos y respiración bajaron lentamente... estaba muerta!!! Ya ni siquiera era mía!.

‘’Dedicado a las mujeres que encontraron el amor en personas bellas e inexplicables, a todo aquel que nunca encontró su lugar en el mundo, mas no se rindió a la hora de buscarlo, y a las personas que quisieron encontrar la solución en la muerte, que aun si la encontraron, dejaron el vacio en todos nosotros’’



Daniela Donato