jueves, julio 28, 2011

Los 9 círculos del infierno


Sobrevolando el río Aqueronte, penetraron en el primer círculo del Averno. Lo que allí vio, dejó a Uriel sin hálito; Una descomunal montaña forjada por millones de cuerpos desnudos y entrelazados que se agitaba espasmódicamente. Los sobrecogedores gritos que afloraban de las gargantas de los sentenciados componían una algarada ensordecedora, que se clavaba en el alma como un hierro candente.

- Monte Egoismo... – declaró su particular Virgilio sin aguardar la pregunta. – De cada individuo se requiere que conviva con sus congéneres, aliviando sus penas y desdichas... Aquí terminan “los indiferentes”, aquellos que sólo se ocuparon de sí mismos y de sus intereses... Aquí obtienen cumplido galardón por su pereza, por su indolencia ante el mal, perpetuamente unidos en un amasijo de anhelos mezquinos... Y, aunque estén juntos y apiñados, se palpan pero no se encuentran... La soledad es su eterna compañera... La salida está al otro lado... Mas cuídate pues, si te reconocen como uno de los suyos, estarás perdido... Así que más te valdrá mantenerte alejado...

Pero éste no escuchó. Estaba totalmente absorto por la magnitud de aquel drama. La montaña ejercía sobre él una influencia fatal, equivalente a la del rutilante fanal que atrae a la incauta luciérnaga hacia su funesto final. Seguía hipnotizado por el dantesco espectáculo que sus ojos estaban contemplando. Se acercó lo suficiente como para ver los desencajados rostros de los penitentes, y un escalofrío recorrió su columna vertebral al verse reflejado en los inanes iris de aquellos infelices. De repente, una maraña de brazos brotó del monte y se aferraron a sus alas y a sus piernas con una fuerza sobrehumana. El arcángel trató de resistirse, pero sus pies se hundían más y más entre el gentío, como una ciénaga de aguas movedizas que fue engulléndole poco a poco. Pidió auxilio a Azrael, pero éste no sólo no acudió a socorrerle, sino que además permaneció impasible sin arquear ni una ceja. Cuando su cabeza se hundió en aquella vorágine de caras, tors! os y extremidades, Uriel se supo acabado, y su póstumo pensamiento fue para la mujer a la que amaba... Debía encontrarla... Debía librarla de cualquier daño... No podía fallarle... No podía acabar así...

Y no lo hizo. Pues tan pronto como lo había engullido, el monte lo escupió. El arcángel cayó al suelo de bruces, tembloroso y desconcertado. Azrael le ayudó a incorporarse ofreciéndole la mano, y entonces alegó:
- Te avisé que no te acercaras, pero no me hiciste caso... Siempre has sido un renegado, un misántropo que sólo se preocupaba por sí mismo... La montaña detectó tu egoísmo, y por eso te absorbió... Desconozco la razón por la que te ha indultado, pero tal vez haya encontrado en ti un sentimiento noble, desinteresado... De todas formas no podía ayudarte... El Infierno se rige por sus propias reglas, y me ha sido vetado involucrarme... Espero que lo comprendas y, la próxima vez, procura ser más precavido... Ya sabes a qué te atienes...
- Descuida... No volverá a ocurrir – afirmó tajante el príncipe sin esconder su recelo. Y así se despidieron de la primera estancia, adentrándose en la segunda.

Allí los pecadores corrían alocadamente y sin respiro de un lado para otro, probando inútilmente de evitar el azote del granizo que sin cesar les apedreaba desde el cielo, así como las dolorosas picaduras de las innumerables serpientes, escorpiones, tarántulas y demás alimañas que les torturaban inoculándoles sus venenosos colmillos y aguijones. Ni por un momento tenían tregua, ni por un instante hallaban reposo. Cabe decir que todos llevaban la lengua fuera, y no por el cansancio, sino por unos enormes clavos hincados en ellas que les impedían resguardarlas en la cavidad bucal. Muchos de ellos portaban vestigios de vestiduras talares, togas y emblemas de autoridad, por lo que se adivinaba fácilmente su pasado como pontífices, cardenales, obispos, sacerdotes, abades, monjes, jueces, fiscales, y abogados.

- ¿Y éstos quiénes son? – inquirió el arcángel.
- Sé bienvenido al infierno de la mentira... Estos detestables gusanos y sanguijuelas que aquí lloran y se arrastran son los que creyeron engañar a la justicia disfrazándose de clérigos y prelados, a fin de dar rienda suelta a sus escandalosos vicios y perversiones; fariseos hipócritas y embusteros; falaces teólogos y pedantes catedráticos que, engreídos de su torpe y limitado intelecto, se obstinaron neciamente en esclarecer con sus infundios y patrañas una verdad que nunca les fue revelada, arrogándose por tanto un derecho que sólo a Dios compele; adivinos, videntes, sectarios, profetas y demás carroñeros por el estilo, parásitos de la ignorancia ajena... Aquí reciben el justo pago por sus fraudes y calumnias... Y también residen los que por envidia o despecho injuriaron a su prójimo, levantando falso testimonio para perjudicarle, al igual que los disolutos e inmorales leguleyos que vendieron su alma por dinero, aceptaron sobornos o defendieron a los culp! ables con sus tretas y subterfugios... ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja!... ¡Chillad, ratas inmundas!, ¡Bramad, impostores!, ¡Tratad ahora de eludir tan infausto destino merced a vuestras fábulas e invenciones!, ¿De qué os sirvió vuestra farsa?, ¿Dónde están hoy vuestros sofismas?, ¿Dónde vuestras sutilezas? – rió sádicamente Azrael, mofándose de los presentes para mayor pasmo del ya de por sí asombrado Uriel, antes de entrar en la siguiente área.

En dicho escenario, el paraje más árido y desolado que el príncipe había presenciado, deambulaba una muchedumbre famélica compuesta de despojos esqueléticos. Y tanto era así que la mayoría se nutría del barro o de sus propios residuos orgánicos, y los escasos “privilegiados”, que todavía gozaban de restos de leprosa piel sobre sus blancos huesos, se la arrancaban y la ingerían vorazmente, si no eran antes roídos hasta los tuétanos por sus camaradas de infortunio, en actos de salvaje y brutal canibalismo, o por las monstruosas fieras que les salían al paso. Pero para su degracia no morían, sino que sus cuerpos volvían a cubrirse de órganos y carne, y el castigo volvía a empezar.

-Mira bien en qué acaban los excesos y la gula; con el suplicio de Tántalo, condenados perpetuamente a padecer hambre y sed, devorándose los unos a los otros, pero sin sentir el más leve alivio a su tormento. Tal es el laurel que se otorga a los glotones, tal es el fruto del despilfarro y la desmesura – apostilló con desdén el anciano antes de partir hacia el cuarto nivel.

Allí, en una explanada cubierta de tesoros y halajas de incalculable valor, cuyo fin, si es que lo tenía, se perdía más allá de dónde caía el horizonte, los condenados eran hervidos en lagos de plata líquida, otros eran sepultados bajo ingentes cantidades de resplandecientes monedas y gemas, y otros eran obligados a tragar oro fundido por la boca o por el ano.

- Ve aquí – explicó el guía – a aquellos miserables que dedicaron su vida a la avaricia, a amasar riquezas sin importarles el daño que infringían a sus semejantes con sus cuantiosos abusos, latrocinios y usurpaciones... Así se premia su usura, su ambición y su codicia. ¡Ah, insensatos! – dijo apelando a la maldecida grey- De haber compartido vuestra fortuna, quizás no estaríais entre estos blasfemos muros. ¿De qué os vale ya vuestro dinero?, ¿Qué provecho sacaréis de vuestras rentas?, ¿Qué ganancia mitigará la ruina de vuestra alma? Y diciendo esto arribaron al quinto círculo.

De nuevo se mostró ante Uriel una instantánea que conmovió hasta los últimos cimientos de su espíritu. No obstante, su acompañante permanecía en un estado de insensibilidad inaudito. Estaba acostumbrado a transitar por aquellos lares, pero él no. Y pugnó por no vomitar, porque la zona en cuestión era un vasto páramo pantanoso, plagado de espejos hincados en tierra. La insana superficie estaba cubierta de lo que parecían restos de una eternidad de efusiones de moco, flemas e inmundicias. Extensos charcos de apestosa orina estancada y montículos de excrementos salpicaban acá y acullá el paisaje... El hedor era insoportable, putrefacto, repugnante, una combinación de olor a cloaca con cadáveres en descomposición, pero de un dulzor mil veces más nauseabundo.

Y dicha pestilencia emanaba de unos engendros deformes, grotescos, surrealistas, colmados de ampollas, pústulas y bubas que rezumaban un pus amarillento y viscoso, y que se movían con una lentitud exasperante, como si fueran ancianos en la fase postrera de una enfermedad terminal, gimiendo y contorsionándose cada vez que se miraban en los espejos. Algunos de aquellos esperpentos golpeaban encolerizados los cristales, pero estos se mantenían incólumes. Otros, presos de la frustración que este hecho les producía, no dudaban en arrancarse los ojos a fin de no verse reflejados en ellos. Mas de inmediato les surgían dos pares, de modo que muchas de aquellas aberrantes criaturas eran ya un mero revoltijo de carne y globos oculares. Enjambres de moscas les revoloteaban sin sosiego, incubando sus huevos en las abiertas heridas y en las infectas llagas. Lechosas larvas se atiborraban con frenesí carnívoro de sus pútridas epidermis, repletas de pulgas, piojos y liendres. !

- He aquí – irrumpió de nuevo Azrael sin solicitar permiso – en qué concluyen las ansias de gloria y fama... En el pasado éstos fueron seres fatuos, insolentes y narcisistas, que se vanagloriaban del poder y la belleza de la que frívolamente disfrutaban... Aquí se corrige su soberbia, su vanidad, y sus delirios de grandeza, devolviéndoles a su genuina insignificancia, a su auténtica apariencia... Y también son escarmentados aquellos que atentaron contra la naturaleza, contaminando El Jardín que generosamente les fue dado.
- ¡Qué suplicios tan atroces! – declaró Uriel indignado por un repentino arrebato de misericordia.
- Todo había sido decidido de antemano... Fueron los Arquitectos los que diseñaron y construyeron este sitio, promulgando sus irrevocables leyes... Nosotros sólo nos encargamos de hacerlas cumplir...
- En tal caso, debe tratarse de dioses muy crueles.
- No les compadezcas, no lo merecen... Y vamos, que ya hemos perdido demasiado tiempo... Prosigamos nuestro viaje... Y alejándose llegaron a la Gehenna Ignis.

Ésta parecía el averno clásico, tal y como la mayoría de la humanidad lo concibe; mares de lava ardiente y de azufre pestilente, donde los pecadores ardían por toda la eternidad, sin que las ávidas llamas que les abrasaban llegaran nunca a extinguirse. Sus alaridos eran horribles, espantosos... Incluso Uriel se maravilló...

- ¿Por qué te detienes?... ¡Ah!... ¿De nuevo de enterneces? – gruñó asqueado su lazarillo. – No debes hacerlo, no por ellos... Pues éstos no son más que la vil escoria depravada que, dejándose arrastrar por la lascivia, la obscenidad y la lujuria, cometieron nefandos delitos de estupro, pederastia y adulterio... Por eso no merecen ni una brizna de consideración, y no consentiré que te entretengas si no es para escupirles tu desprecio. – Y así fue como ingresaron en la séptima esfera.

Ahora se encontraban en lo que parecía el interior de un lóbrego palacio semejante al panteón de Agripa, pero indefinidamente mayor, con una sala de extraordinarias medidas y una cúpula abierta por la que se asomaban una serie de entes luminosos que pertenecían a otra dimensión. Éstos se dedicaban a burlarse, sin compasión alguna, de los infelices que habitaban la cella. Pero ni siquiera el estruendo de sus risas conseguía eclipsar los alaridos de los de abajo, los cuales eran sometidos a inhumanas máquinas de tortura. Uriel sintió curiosidad, y preguntó a su tutor en qué infierno se hallaban y quiénes eran aquellos seres de las alturas.
-Nos encontramos en el abismo de la herejía – aclaró Azrael-. Aquí puedes ver sufriendo sus propios tormentos a todos los inquisidores y sus secuaces, pero también a aquellos fanáticos y líderes religiosos que, para implantar “su verdad”, derramaron la sangre de sus semejantes. Porque no hay mayor hereje que aquél que incumple la ley fundamental que rige el universo entero; “Nada hay más sagrado que la vida”. En cuanto a aquellos que desde los cielos contemplan su desventura y se mofan de ella, no son sino sus víctimas. Y entonces irrumpieron en el octavo nivel; el Pandemónium.

En aquella devastada ciudad vieron almas por ejércitos clamando que, con sus divisas y estandartes desplegados y conducidas por sus tiránicos caudillos, se lanzaban al ataque en caóticas formaciones de combate, acometiéndose con saña demencial, sin pausa ni cuartel, muriendo y renaciendo una y otra vez, posesos por una inagotable furia homicida. La matanza era de proporciones épicas, y la multitud infinita, incalculable. Entre ella descollaban los señores de la guerra; Emperadores, reyes, faraones, generales, dictadores y césares antiguos, que desfilaban al frente de sus tropas. La sangre les llegaba hasta las rodillas y todos se hallaban empapados de ella, sin que quedase libre ni un solo centímetro de sus cuerpos.

- Mira bien a aquellos cuyo corazón fue pasto de la ira y trasgredieron el mandamiento más importante; No matarás... Pues a cada cual se le otorga una recompensa acorde a sus méritos, - arguyó Azrael sarcástico, - de modo que al que ejecutó a dos personas se le multiplica por dos el dolor de sus heridas, por diez el que asesinó a diez, por cien el que acabó con la vida de cien, por mil quien eliminó a mil, etcétera... Imagínate cuán horrendo debe ser el sufrimiento de los que fueron culpables de la muerte de cientos de miles o de millones... Por eso todos los que militan en esta infame chusma han perdido la razón, si es que en alguna ocasión gozaron de ella...

De repente aquella turba rabiosa cesó de batirse, quedándose mirando fijamente a los visitantes y, acto seguido, sin mediar palabra, como si todos estuviesen poseídos por una ciega y única voluntad de aniquilación, enarbolaron sus espadas y arremetieron contra ellos, rugiendo al unísono como una tormenta estridente. Uriel sintió pánico por primera vez en mucho tiempo. Sabía que no sería capaz de aguantar la embestida de legiones de enemigos inmortales, que sería segado como una espiga de trigo por la afilada hoz del campesino. Lleno de pavor, miró a su cicerone y le preguntó:

- ¿Es que tampoco vas a intervenir ahora?
- Mmm... Están muy alterados... No deberían comportarse así... Infringen claramente el código...
- ¡Dita sea!, ¡Apresúrate!, ¿quieres?, ¡Los tenemos encima! – insistió solícito el arcángel.
- De acuerdo, no hay otra opción; Colócate a mi lado... – Éste obedeció sin rechistar, y depositó su mano sobre el hombro de su supuesto aliado, el cual gritó; - ¡Atrás! – a la par que descargaba su retorcido cayado sobre la cruenta superficie de aquel espacio impío, creando una barrera protectora que les aisló de sus agresores, justo en el momento en que éstos se arrojaron sobre ella, hundiendo febrilmente sus armas sin obtener ningún resultado. Mientras seguían avanzando, Uriel pudo observar con todo lujo de detalles sus rasgos enajenados por la cólera, sus hirvientes espumarajos y sus brillantes ojos rojos, que le maldecían con maniáticas miradas henchidas de odio en estado puro. Reconoció a varios de sus fallecidos adversarios, y reflexionó apesadumbrado que quizás, algún día, él també debería rendir cuenta de sus crímenes y pasaría a engrosar sus filas. Y así anduvieron hasta avistar el pórtico del noveno círculo.

El paisaje era ahora totalmente distinto, y el frío glacial. Hasta donde alcanzaba la vista no se veía más que hielo por doquier, una gélida estepa cuyos únicos relieves eran las escarchadas testas que sobresalían a exiguas pulgadas del suelo con la boca abierta de par en par, en un último aullido de agonía congelada. Soterrados en tales fosas, los condenados hibernaban en una especie de sueño eterno, pero lo más impresionante del lugar era el silencio, absoluto, rotundo, sepulcral.

- Éstos que aquí yacen son los llamados “desertores”, es decir, aquellos que vulneraron la segunda prohibición no escrita; no matarse a sí mismos. Y también reposan, muy a su pesar, los “hedonistas”; débiles mentales, esclavos de las drogas, que quisieron rehuir la realidad de su tiempo refugiándose en el regazo de La Parca… Pues debes saber que a cada individuo se le asigna en la vida un rol que debe desempeñar sin controversias de ningún tipo, y nadie puede abandonar su puesto cuando mejor le convenga. Por eso son tratados como rebeldes, por su traición, y de este modo expían su cobarde deslealtad; reviviendo constantemente el ciclo de su existencia... Una y otra vez los problemas de los que huían, sus decepciones, sus frustraciones, se les vuelven a mostrar... Y cuando creen que la muerte les ha librado de su calvario, todo comienza de nuevo... Y además penan contemplando la tristeza que su decisión de partir precipitadamente ha causado a sus se! res queridos... – añadió Azrael con aire complaciente, en un tono que molestó al arcángel, más aún cuando lo enlazó deleitándose en pisar la faz de uno de aquellos mártires con su sandalia.
- ¿Es que no conoces la clemencia? – exclamó enojado. - ¿No basta a esos desgraciados su castigo que, a parte, deben soportar tus humillantes ultrajes?... Lo que un suicida necesita no es un juicio, sino amor y comprensión.
- ¡Ju!... No eres quien para cuestionar nada de lo que aquí veas u oigas pues, allá arriba, tus métodos no han sido menos despiadados... Y ten por seguro que acabarás entre estos abyectos muros cuando tus horas lleguen a su fin... – sentenció ufano. Concluida esta acalorada discusión, y después de mucho peregrinar, ambos ángeles arribaron frente a un inmenso lago de aguas heladas, no sin antes atravesar un gigantesco bosque de agudas agujas de cristal, en cuyas puntas habían sido ensartadas millares de personas

 Alma de Lobo

DESPEDIDA

Neo-Babylon, a 18 de diciembre
Amado padre:

Sabes que siempre he obedecido al pie de la letra tus indicaciones y sabios consejos... Ésta es la primera y la última vez que voy a infringirlos... Sé que hoy era el día que habías escogido para entregarme el control de tu multinacional. Ese iba a ser mi regalo de cumpleaños, y agradezco la confianza que habías depositado en mí... Pero, ¿has pensado alguna vez que yo no deseaba ser tu seguidor, que tenía otras metas, otros proyectos, otras inquietudes y necesidades diferentes a las tuyas?... Estudié la carrera que tú elegiste, la que servía para proporcionarme los conocimentos necesarios para hacerme cargo de tu corporación. Mantuve relaciones con las hijas de tus socios y de tus mayores accionistas, persiguiendo el fin de unificar más vuestros emporios, y todo ello, como sabes, en contra de mi voluntad. He sido un pelele, un mero títere que danzaba al son de tus intereses. Toda mi vida ha sido encauzada para este momento, ¡tu gran momento!... Pero no el m! ío...

¿Qué soy yo, padre?, ¿Qué represento para ti?... ¡Acaso poco más que una lucrativa inversión!... O quizás no sea otra cosa que el espejo viviente de tus propias frustraciones, de todo lo que tú no pudiste ser o tener... Si te hubieses molestado en preguntarme, en considerar mi opinión, mis anhelos, tal vez todo esto no hubiese pasado... Tan sólo debías escucharme, padre, sólo eso...

Me has apartado de Ángela, la única mujer a la que he amado realmente. Han sido las cadenas que tú me impusiste las que han hecho que ella busque la felicidad en brazos de otro hombre. ¿Y todo por qué?; ¡Simple y llanamente porque no podías sacar ningún provecho económico de nuestro enlace!. ¿Te das cuenta?, ¿Te das cuenta de lo que has hecho?

Estoy cansado, padre, muy cansado, agotado de fingir risas sin alegría, de verme continuamente rodeado de hipócritas chupa-sangres que dicen ser mis amigos... Me siento frío, frío como si me hubiesen abierto en canal y rellenado con hielo... Busco entre los escombros de mi vida algo tangible, algo sólido a lo que asirme... Y no hallo nada... Y sólo veo una salida para escapar de las densas tinieblas que me envuelven...

No quiero que pienses que mi resolución de partir responde al capricho febril de una hora. Es una fruta que ha ido madurando despacio, acrisolándose como el buen vino, durante meses... Meses que se han convertido en años... Años que se han convertido en siglos...

Yo no… No pactaré con este sucio circo repleto de iniquidad y podredumbre hasta los topes. No me uniré a la inmensa mascarada, al grotesco baile de disfraces, al goyesco carnaval... Porque el verdadero pecado no es el suicidio; la auténtica cobardía consiste en consentir las terribles atrocidades de nuestro mundo, en aceptarlas y dejarse corromper hasta los más íntimos cimientos, en ser su cómplice... Como tú hiciste, padre… No creas que no estoy al corriente de tus desmanes, y de los medios que empleaste para amasar tu fortuna... ¿O acaso creíste que yo me revolcaría, como tú, en el lodo infecto de la pestilente ciénaga, que me quedaría inmóvil, con los brazos cruzados, contemplando impasible la devastación de naciones enteras, el genocidio de los inocentes, la violación de la justicia, cómo los fuertes y poderosos aplastan a los débiles e indefensos, cómo los ineptos y perversos detentan el poder, cómo las masas son idiotizadas en provecho de uno! s pocos, cómo los que no lo merecen son amados?... ¡Todo es hediondo! ¡Todo es mentira! ¡Todo rezuma fraude y engaño y simula tener sentido y belleza, cuando no es otra cosa que decadencia encubierta, oropeles, apariencia, un vil decorado!... Y ya que no puedo cambiar nada, éste es el mejor modo que tengo de gritarle a la sonámbula humanidad lo que pienso de ella, de vomitarle mi más hondo desprecio, ¡de escupirle en la cara con mi sangre!... Mi sangre, padre, que también es la tuya...

Yo no escogí vivir... De haber sabido lo que me esperaba, de haber tenido conciencia de lo que iba a sufrir viviendo en este mundo, hubiese preferido no nacer nunca... Entonces no tuve elección, pero ahora sí la tengo... Y ahora soy yo el que decido, como soberano absoluto e indiscutible de mi existencia, el instante preciso de mi muerte... Porque me opongo, padre, me niego a vivir en esta farsa monstruosa cuyo guión, trazado de antemano, ha sido redactado por no sé bien que sádico demente... Me parece que algunos le llaman “Dios”...

¡Cruel ironía! Yo, que todo lo poseo, envidio a aquellos que albergan en su pecho una mínima esperanza... Ella lo era todo para mí... Y quiero que entiendas que, aunque pudieses regalarme el mismísimo Reino de los Cielos, sin el consuelo de su presencia éste no me colmaría... Sin ella a mi lado la vida no tiene ya nada que ofrecerme, nada que yo desee... Y tú tampoco...

Pero pronto acabará todo dolor, todo sufrimiento... Y debo confesarte que tampoco me importa el lugar donde se hunda mi alma... No puede haber peor averno que éste; el infierno de las frustraciones y de las ilusiones perdidas... Puede que, con un poco de suerte, pronto me reúna con mamá. Y de nuevo volveré a sentir aquél tibio calor de sus caricias sobre mi pelo, la dulzura con la que me balanceaba entre sus brazos para dormirme, el único recuerdo que de ella me quedó...

¿Te acuerdas, padre, de la fiesta que organizaste cuando cumplí los cinco años?... Aún me parece que saboreo aquel delicioso pastel que tú mismo cocinaste con tus manos... Fui tan feliz ese día... ¿Recuerdas mi ceremonia de graduación, cuando me diste el único abrazo que de ti he recibido?... Fueron algunos de los escasos momentos en que me prestaste un poco de atención y de ternura...

No quiero que me odies por lo que voy a hacer, ni tampoco deseo que te sientas culpable... Comprende que no podía marcharme sin antes explicarte los motivos que me obligan a emprender la partida... Lo siento, padre, disculpa la dureza de mis palabras... Y mi flaqueza... No soporto por más tiempo este vacío... Perdóname, por favor...

De tu hijo, que te quiere.
 
 
Alma de Lobo

martes, julio 26, 2011

Sueños profundos

A veces sueño  que soy una muñeca
Que mueves a tu antojo y solo pienso
En que soy real que nadie me puede tocar
Que te puedo acariciar sin embargo ningún sueño se vuelve eterno
Porque los Ángeles no duermen en el infierno,
porque no soy la princesa que dibuja tu sonrisa cada día ,
y es que soy adicta a tus besos de acido melancor que me aferran a un sueño que jamás existió
Porque  solo soy un juguete un día, de unas horas , que ocultas bajo las cobijas
Mientras tengo que fingir que nada pasa, que solo es un sueño  que jamás paso
Cerrare los ojos, para caer en el sueño más profundo, en lo más confuso de mi mente para perderme en aquel sueño que jamás paso, para darle la espalda al fantasma de tu amor
Del amor inexistente que pensé tener, pero que solo fue un fantasma si solo eso una neblina blanca, lo siento pero no puedo continua  persiguiendo a la nada, es absurdo, sin duda pensar en despedirse de la soledad cundo esta siempre te acompaña, con pequeños momentos que son estrellas fugases, donde te hace creer que el mundo está a tus pies y al final no tienes nada.
Pero al final esta es la ironía de mis sueños profundos y decadentes, de mis pesadillas inertes
Que cobran vida bajo los juegos macabros de mi inconsciente, bajo la supervisión de una muerte alada, pero qué más da si mi razón es la locura,  y yo soy una simple muñeca que quiso soñar un sueño profundo donde puedo amar.
La despedida no era como la esperaba.

Fildana

Bitácora de un suicidio

desperté...bajo el llanto de un amanecer solitario
tan cautivo, tan aislado,
su tenue aroma
en mis manos relucía
como aquel molesto sendero
que en mi vida proseguía.
caminando por la senda de la desesperación
contemplando mi sufrir con los detonantes años.
en una dulce noche de lujuria
tome la daga de mi costado.
un llanto tan inocente caía por su rostro
mi debilidad, es ahora tu castigo.
tanta rabia corría por mis venas
y un frío cada vez mas grande
bajo paredes de recuerdos podridos
dulce suicidio para mi felicidad andante
oh! querido ángel
¡¡tapa el sol con mis pedazos!!
¡¡haz de este mundo un mortífero lecho de llantos!!
muéstrame ahora la atención que no fui capaz de ver!
¡enséñame como es que sufren por mi los mortales!
bajo las paredes de la nada me encuentro
¿como podre ver ahora el llanto de mi amada?
¿si ya estoy muerto?

alberto andres salas beltran

viernes, julio 22, 2011

Que Criatura


Muchas veces me he preguntado que criatura vive bajo mis pies observando el paso del tiempo desde una perpectiva bajo conocidad, analizando un vida poco comprendida pero a la vez aburrida.

Muchas veces me he preguntado que criatura vive sobre mi cabeza, observando la lentitud del dia desde un beso a una caricia, analizando un existencia demasiado aceptada pero como merecida.

A veces me pregunto quienes me rodean, para asi poder comprender la vida que tengo, la cual no merezco.

Me he preguntado tantas cosas con el pasar del tiempo y pocas me han tenido contento, que ahora pienso que no siento el pasar del tiempo

Pandora

domingo, julio 17, 2011

Desgaste


Los pulmones aun exhalan vapor de vida
y la piel sigue creando sus capas
Y los ojos y la mente semidormida
quiere expresar el alma atormentada.

Esto es por lo que la piel está fría
y la carne pálida y sin vida
se resquebrajan los órganos
la vista se volvió opacada.

Y nos les hablo de lo que piensan
no sólo de que estoy envejeciendo
a cada segundo y cada respiro
sino que me he ido rompiendo.

Que como dispuesta a podrirse
el nervió antes de haber muerto
se niega a seguir resistiendo
al desgaste que se hace siniestro.

De los momentos, sólo la mitad
disfrute de placeres mermado
vida sacrificada por precio equivalente
por la que a cualquiera le hubiera tocado.

Que tanto intoxica lo que se ingiere
como lo que se deja de tomar
Que tanto duele lo que se traga
como lo que de la boca se ha retirado.

Por una vida cuasinormal
he recibido un pago desigual
sólo de la vida la mitad
por algo que me debió ser dado.

Liqid Skin


martes, julio 12, 2011

MUERTE

Las campanadas no cesan
flores y velas se vendenen las calles
tumbas que seran adornadas con ellas
en pocos dias marchitas como los cuerpos ahi postrados.
!Que triste es la muerte¡
casi tanto como la vida,
aunque despues todo sea un recuerdo
Solo los viejos conocen el poder del tiempo
de una vida ligada a la muerte,
los niños jugando a ser grandes
los adultos deseando volver a su infancia

Mi existencia termino entre sombras
baj unprofundo olor a sangre
alimentando la muerte, exterminando la vida
comose extermina la luz, como se extermina la oscuridad, como se exterminara la raza humana.

Le has demostrado al mundo que sabes vivir,
ahora grita al viento que tambien sabras morir.


360

viernes, julio 08, 2011

Imagen Nocturna

LA LUNA RESPLANDECE, SOBRE UN CEMENTERIO GRIS,
EL VIENTO SOPLA LENTAMENTE SOBRE MI ROSTRO HUMEDO Y TRISTE.
ESTOY CRUCIFICADA EN LA PALIDEZ DEL AMOR, SOLO ESPERO
PACIENTEMENTE PARA VOLVER A VER TU IMAGEN NOCTURNA QUE
VAGA POR UN CEMENTERIO SIN UNA SALIDA, LLENA DE AMOR QUIERO
SENTIRTE. ME CONFORMO CON VERTE UNA VEZ MAS, QUIERO
ENTREGARTE MI ALMA, QUE TE SACIES DE MI, DE MI SANGRE, DE MI AMOR.
SE MI ANGEL-SE MI PECADO
SE MI SOL-SE MI IRA
AMAME-ABRAZAME, POR SIEMPRE DIRIGEME A UN MUNDO, A TU MUNDO.
SOLO QUIERO VER UNA VEZ MAS TU IMAGEN, ESA IMAGEN QUE PREVALECE EN MI
ALMA Y SE APODERA DE MI. LA NIEBLA EMPIEZA A CUBRIR EL CEMENTERIO Y TU
TODAVIA NO ESTAS AHÍ. POR QUE HOY SLO ENCONTRE A LA
RIDICULA SOLEDAD QUE SE APODERO DE MI ALMA , DE MI SER Y AHORA ES PARTE DE MI.

Samadhi

jueves, julio 07, 2011

Lágrimas Perdidas


Lo que un dia fue
nuestro nido de amor
ahora es algo muerto,
una cascara sin sentido,
una pesadilla ,
que vuelve una y ,otra vez
recordandome la ilusión que vivimos .
Cada noche de luna llena
con lagrimas desgarradas
vienen a mi recuerdos que crei enterrados
u olvidados.
¿sabes ?no entiendo nada
no se que paso
un dia estabamos los dos amandonos
y un minuto despues todo acabo
y pienso el porque de aquello
gritando al viento el eco de
esta amargura...


Ana

En Secreto.

Inventado formas de decir te extraño desde mi silencio frío y oscuro,
desde palabras que suenan vacías...
sin peso en la distancia... sin tiempo.
yo te veo... caminando despacio por la escalera, te vi subir y no llegabas...
Te sentí cerca desde tus sueños, dulces palabras leí llenas de dolor y las amé,
guarde silencio y sonreí por haberte encontrado.
no creerías nunca que esto es para ti...
que esto vive en mi alma,
en ese sueño del que me salvaste.
siempre con tus palabras.
siempre con tu silencio.
siempre tan lejanas.


Narcisa

martes, julio 05, 2011

BAJO LOS ESCOMBROS

TU ALMA SE PASEA
ENTRE CALLEJONES SIN FIN DE TUS RECUERDOS
COBIJANDO LA ESPERANZA
DE VOLVER A SURGIR ENTRE LOS ESCOMBROS
CREANDO UNA ILUSION DE LO QUE SERA MAÑANA
CUANDO DESPIERTES Y TE DES CUENTA
QUE SOLO QUEDA DE TI
LOS DESPOJOS DE UN SER SIN ALMA
SIN CORAZON
SIN LO QUE UN DIA FUE
Y HOY YA NO ESTA....


Key

viernes, julio 01, 2011

Y ENTONCES MORI ...

Y entonces morí... y llegué al Purgatorio.

Miles de cuerpos que ya no lo son.
Seres deambulando penosamente buscando una salida inexistente.

Ni siquiera saben que están muertos.

Cavidades vacías que ya no pueden
ver pero sueñan que lo hacen.

Cráneos huecos,
porque el cerebro desapareció tiempo atrás.

Miembros torcidos o inexistentes,
regalo de los demonios que cuidan el lugar.

Avanzan penosamente como mulas tadas al molino.
En cada vuelta desaparece un poco más.

Girones de alma en cada grito, en cada aullido.
Animales en un eterno matadero.
Que jamás parará.

Cuidado ahí, que viene Cerbero.



Sabine