jueves, julio 28, 2011

DESPEDIDA

Neo-Babylon, a 18 de diciembre
Amado padre:

Sabes que siempre he obedecido al pie de la letra tus indicaciones y sabios consejos... Ésta es la primera y la última vez que voy a infringirlos... Sé que hoy era el día que habías escogido para entregarme el control de tu multinacional. Ese iba a ser mi regalo de cumpleaños, y agradezco la confianza que habías depositado en mí... Pero, ¿has pensado alguna vez que yo no deseaba ser tu seguidor, que tenía otras metas, otros proyectos, otras inquietudes y necesidades diferentes a las tuyas?... Estudié la carrera que tú elegiste, la que servía para proporcionarme los conocimentos necesarios para hacerme cargo de tu corporación. Mantuve relaciones con las hijas de tus socios y de tus mayores accionistas, persiguiendo el fin de unificar más vuestros emporios, y todo ello, como sabes, en contra de mi voluntad. He sido un pelele, un mero títere que danzaba al son de tus intereses. Toda mi vida ha sido encauzada para este momento, ¡tu gran momento!... Pero no el m! ío...

¿Qué soy yo, padre?, ¿Qué represento para ti?... ¡Acaso poco más que una lucrativa inversión!... O quizás no sea otra cosa que el espejo viviente de tus propias frustraciones, de todo lo que tú no pudiste ser o tener... Si te hubieses molestado en preguntarme, en considerar mi opinión, mis anhelos, tal vez todo esto no hubiese pasado... Tan sólo debías escucharme, padre, sólo eso...

Me has apartado de Ángela, la única mujer a la que he amado realmente. Han sido las cadenas que tú me impusiste las que han hecho que ella busque la felicidad en brazos de otro hombre. ¿Y todo por qué?; ¡Simple y llanamente porque no podías sacar ningún provecho económico de nuestro enlace!. ¿Te das cuenta?, ¿Te das cuenta de lo que has hecho?

Estoy cansado, padre, muy cansado, agotado de fingir risas sin alegría, de verme continuamente rodeado de hipócritas chupa-sangres que dicen ser mis amigos... Me siento frío, frío como si me hubiesen abierto en canal y rellenado con hielo... Busco entre los escombros de mi vida algo tangible, algo sólido a lo que asirme... Y no hallo nada... Y sólo veo una salida para escapar de las densas tinieblas que me envuelven...

No quiero que pienses que mi resolución de partir responde al capricho febril de una hora. Es una fruta que ha ido madurando despacio, acrisolándose como el buen vino, durante meses... Meses que se han convertido en años... Años que se han convertido en siglos...

Yo no… No pactaré con este sucio circo repleto de iniquidad y podredumbre hasta los topes. No me uniré a la inmensa mascarada, al grotesco baile de disfraces, al goyesco carnaval... Porque el verdadero pecado no es el suicidio; la auténtica cobardía consiste en consentir las terribles atrocidades de nuestro mundo, en aceptarlas y dejarse corromper hasta los más íntimos cimientos, en ser su cómplice... Como tú hiciste, padre… No creas que no estoy al corriente de tus desmanes, y de los medios que empleaste para amasar tu fortuna... ¿O acaso creíste que yo me revolcaría, como tú, en el lodo infecto de la pestilente ciénaga, que me quedaría inmóvil, con los brazos cruzados, contemplando impasible la devastación de naciones enteras, el genocidio de los inocentes, la violación de la justicia, cómo los fuertes y poderosos aplastan a los débiles e indefensos, cómo los ineptos y perversos detentan el poder, cómo las masas son idiotizadas en provecho de uno! s pocos, cómo los que no lo merecen son amados?... ¡Todo es hediondo! ¡Todo es mentira! ¡Todo rezuma fraude y engaño y simula tener sentido y belleza, cuando no es otra cosa que decadencia encubierta, oropeles, apariencia, un vil decorado!... Y ya que no puedo cambiar nada, éste es el mejor modo que tengo de gritarle a la sonámbula humanidad lo que pienso de ella, de vomitarle mi más hondo desprecio, ¡de escupirle en la cara con mi sangre!... Mi sangre, padre, que también es la tuya...

Yo no escogí vivir... De haber sabido lo que me esperaba, de haber tenido conciencia de lo que iba a sufrir viviendo en este mundo, hubiese preferido no nacer nunca... Entonces no tuve elección, pero ahora sí la tengo... Y ahora soy yo el que decido, como soberano absoluto e indiscutible de mi existencia, el instante preciso de mi muerte... Porque me opongo, padre, me niego a vivir en esta farsa monstruosa cuyo guión, trazado de antemano, ha sido redactado por no sé bien que sádico demente... Me parece que algunos le llaman “Dios”...

¡Cruel ironía! Yo, que todo lo poseo, envidio a aquellos que albergan en su pecho una mínima esperanza... Ella lo era todo para mí... Y quiero que entiendas que, aunque pudieses regalarme el mismísimo Reino de los Cielos, sin el consuelo de su presencia éste no me colmaría... Sin ella a mi lado la vida no tiene ya nada que ofrecerme, nada que yo desee... Y tú tampoco...

Pero pronto acabará todo dolor, todo sufrimiento... Y debo confesarte que tampoco me importa el lugar donde se hunda mi alma... No puede haber peor averno que éste; el infierno de las frustraciones y de las ilusiones perdidas... Puede que, con un poco de suerte, pronto me reúna con mamá. Y de nuevo volveré a sentir aquél tibio calor de sus caricias sobre mi pelo, la dulzura con la que me balanceaba entre sus brazos para dormirme, el único recuerdo que de ella me quedó...

¿Te acuerdas, padre, de la fiesta que organizaste cuando cumplí los cinco años?... Aún me parece que saboreo aquel delicioso pastel que tú mismo cocinaste con tus manos... Fui tan feliz ese día... ¿Recuerdas mi ceremonia de graduación, cuando me diste el único abrazo que de ti he recibido?... Fueron algunos de los escasos momentos en que me prestaste un poco de atención y de ternura...

No quiero que me odies por lo que voy a hacer, ni tampoco deseo que te sientas culpable... Comprende que no podía marcharme sin antes explicarte los motivos que me obligan a emprender la partida... Lo siento, padre, disculpa la dureza de mis palabras... Y mi flaqueza... No soporto por más tiempo este vacío... Perdóname, por favor...

De tu hijo, que te quiere.
 
 
Alma de Lobo